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Ismael

Ismael, apenas un recuerdo eras ya en mi vida cotidiana; presencia y ausencia de un pasado reciente, cordón nunca roto y siempre tenso en la dureza del olvido involuntario. Cómo difuminar tu pícara cara, tus ojos inquisitivos y alegres, tus gestos tímidos y audaces, propios de los pocos años. Cómo compartir con nadie lo que tú y yo sólo sabemos y nunca nos dijimos. Era tan sencillo hacerlo, pregonarlo a los cuatro vientos, no eran, no son secretos era y es una idea única; entre grandes y chicos no hay barreras, existen cuerdas que unen y no atan.

Tu recuerdo será imperecedero, aunque ya no estés entre nosotros.

Iñaki de villa.

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Sarmentosos sin adn especial.

Tomada en un pueblo manchego.

Sarmentosos sin ADN. Tostados por necesidad. Curtidos por el frío irreverente que les manda el buen dios. Hombres frugales a la fuerza. Blasfeman, por terapia, sin ofender al señor . En fin, si un día pasáis por la Mancha y miráis a sus gentes, sin caer en tópicos absurdos, veréis a gentes más menos como en el resto del mundo, a excepción de algunos que están agraces como las uvas a medio hacer, a estos no se les arranca, se les deja colgados en la cepa hasta que maduren.

Algunos fantasean desde fuera del sentimiento no arraigado para garrapatear o escribir de los rudos manchegos, vistos por los ciegos de espíritu como grumos acedos.

Una pandilla de viajeros de mochila y poca guita rulan con su coche por carreteras llanas, longitudinales, caminos de barro y tierra exasperantes. Vómitos de aburrimiento y desesperación arrojan sus rostros. Cada trecho hollado lo soportan con la esperanza de conocer a unos hombres mimetizados con una tierra que sólo ellos pueden soportar en armoniosa relación . Leguas y leguas se superponen desde la Extremadura hasta el levante. Buscan albergue, charlan con fonderos y posaderos. Apenas si se pueden comunicar con los campesinos duros, secos y flexibles como sarmientos de cencibel que encuentran a su paso. Les preguntan por su vida, costumbres, tradiciones y apenas regurgitan palabras ante desconocidos que Dios sabe quiénes serán. Los viajeros afinan las preguntas, no quieren que el costal de las generalidades arruinen su objetivo.

Roberto, descendiente de manchego se atreve a….

– Hola, perdone. ¿Puedo hacerle una pregunta?.

– Pues usted dirá..

– Me decía mi abuelo que su padre, manchego de nacimiento, le contaba algo sobre una comida hecha con harina de almortas…

No le dio tiempo a terminar la pregunta..le habían tocado la fibra.

– Sí, tu abuelo se refería a las gachas manchegas. Todavía las hacemos como dios manda. Y quiere el mismísimo señor de los cielos y de la tierra que se guisen con sarmientos que es leña noble de cepa, en el campo, o en cercado, o en cocina amplia donde el perol y los comensales en derredor quepan. Y apela de forma taxativa e inapelable a la tradición de sus ancestros : “para que sean comidas sin apartar en plato alguno, desde el mismo perol donde se guisan”. Y aplicamos de modo riguroso, el aún vigente ritual “parafernálico” de cucharada y paso atrás, así como, “la botella del tintillo no debe nunca parar”.

Gracias a Roberto la conversación se animó; hablaron del abuelo y uno de los presentes, al conocer nombre y apellidos, dio un salto y exclamó: -¡joder! tu abuelo hizo la mili conmigo en África.

Eso bastó para afianzar sólidamente al grupo.

A continuación, sin encomendarse ni a Dios ni a la Virgen, concertaron reunirse al día siguiente para hacer unas gachas en la casilla del Serafín.

Saborean los deliciosos, exquisitos y sutiles sabores de las gachas que les preparó Paco, “el de la Isidra”, campeón cinco veces seguidas del concurso gachero que se celebra cada año en el pueblo. No encontraban palabras para ensalzar los aromas profundos que dejaban en su paladar.

El día pasó divertido y bien entrada la noche aún seguían dándole a la mistela y a las palomitas de anís entre chistes, si uno malo otro peor, que producían gran hilaridad a estos sarmentosos hombres, duros como el pedernal que reían como niños traviesos.

Más, como la vida gracias a la vaca negra es como es, surgió el “crítico” listo de turno, es decir el listillo del pueblo, que en el mio “sin hacerle ningún examen” sabemos que es casi el más…, y como no quiero escribir una palabra medio odiada por mi lo dejo en envidiosillo, por decir de los viajeros que nos querían ayudar a extender la excelencia de nuestras gachas de almortas que eran: pobres necios, patanes, miopes indolentes que pernoctan siete días y almuerzan ocho, toman apuntes a troche y moche y salen de la Mancha doctos y culinarios como académicos de la Argamasilla.

Un abrazo tribu.

Iñaki de villa.

PD. Recuerda mini, “no hay gentes con dos cabezas”.

Y yo, mientras, sentado frente a la inmensa llanura manchega viendo el mundo pasar.

Diógenes en el averno.

Tribu, si habéis llegado hasta aquí y respiráis hondo, tomáis la calma del andino, masticáis las palabras y renunciáis al buen gusto del zonzo seudoeducado, disfrutaréis de Diógenes en el Averno.

Algún día hablaremos de Hiparquia. Ahora a lo nuestro.

El cínico Diógenes de Atenas

con su filosofía

hizo, mientras vivió, mil cosas buenas,

siendo su gran manía

ponerse a procrear públicamente

a sol radiante y a faldón valiente.

Decía: -No es razón que a ver a un hombre

morir se junten tantos

y el ver fabricar otro les asombre

para que hagan espantos.

¡ Ay, ya murió este sabio, y su tinaja

le sirvió de sepulcro y de mortaja!

Libre, después, del natural pellejo,

descendió a la morada

de las errantes sombras, y el buen viejo

la halló tan embrollada,

que mandó de su cóncavo profundo

la redacción siguiente a nuestro mundo.

Dice, pues, que llegando del Leteo

a la terrible orilla,

vio al anciano Carón, pálido y feo,

sentado en su barquilla,

procurando con mano intermitente

dar a su seco miembro un emoliente.

Las sombras de los muertos se agrupaban

en fantásticas tropas;

con ademanes lúbricos se alzaban

las funerarias ropas,

y trabajaban hembras y varones

en dar el ser a mil generaciones.

Atónito Diógenes severo,

esperó a que acabara

su operación prolífica el barquero

para que a la otra orilla le pasara;

el cual, luego que tuvo a bordo al sabio,

le dijo así con balbuciente labio:

-i Oh, cínico filósofo! Has llegado

en un día al Averno

de polución, pues hoy está

ocupado el gran Plutón eterno

en procrear tres furias inhumanas,

porque están las Euménides ya ancianas.

A este fin, en su lecho, a lo divino

embiste a Proserpina,

y, en tanto, sus vasallos del destino

seguimos la bolina.

Bien puedes tú, pues hoy no han de juzgarte,

en los Campos Elíseos embocarte.

Dijo, y le desembarca al otro lado.

Diógenes, siguiendo

su camino, gustoso y admirado,

las obras iba viendo

del lujurioso influjo entre los diablos

de aquellos obscurísimos establos.

El Can Cerbero y la Quimera holgaban

en lúbrico recreo;

las hijas de Danao se lo daban

a Ixión, a Prometeo,

a Tántalo, a Sísifo y a otros muchos

condenados espectros y avechuchos.

Minos también, y Caco, y Radamante,

alcaldes infernales,

a las tres viejas Furias entre tanto

atacaban iguales,

y Diógenes a todos, satisfecho,

al pasar les decía: -i Buen provecho!

Por último, a Plutón y Proserpina

llegó a ver en la cama,

armando, al engendrar, tal tremolina

entre sulfúrea llama,

que sus varias y bellas contorsiones

imitaban culebras y dragones.

En vez de semen, alquitrán vertían;

moscardas les picaban;

los fétidos alientos que expelían

el Averno infestaban;

y, por suspiros daban alaridos,

de su placer furioso poseídos.

Aquí exclamó Diógenes (y acaba

su relación con esto):

-¡ Qué bien hacía yo cuando engendraba

públicamente puesto!

i No ocultéis más, mortales, un trabajo

que hacen diablos y dioses a destajo!

Félix Maria Samaniego.

Avelino.

Huestes reflotadas en los tiempos del dinero negro y fácil para unos, facilón para otros, de risa carcajera para los miserables que no llegan a ese “mínimo digno” que, estoy seguro, nadie sabe qué es.

¿Cobra mi amigo Avelino el mínimo digno?.

Percibe mi susodicho , terco como una mula manchega, 800 euros, tiene la casa pagada, no es muy friolero, le gusta vivir modestamente, como lo ha hecho siempre, lee los libros de la biblioteca municipal, no va de viaje con el inserso porque disfruta más paseando por su pueblo, tiene unos ahorrillos de 10.000 euritos para un “por si las moscas”, se dedica a ciertas actividades culturales con las que disfruta sin gastar nada, tiene más de setenta junios y el doctor le desaconseja la carne, los licores y una larga lista de alimentos que no entran en su dieta .Sí además, tiene una sanidad que lo atiende medio satisfactoriamente, y en preservativos no gasta os lo aseguro, ni un duro, “no pongo en tela de juicio” que pueda ser feliz en su retiro laboral, aunque casi nadie se lo crea.

De momento le digo: lo siento Avelino, hay que seguir presionando por mejorar las pensiones.

Aunque a ti no te haga falta ninguna subida, pide al menos el aumento del IPC, de lo contrario a los dos días, como el que no quiere la cosa, se te queda la pensión escamondada.

Haciendo un esfuerzo y suponiendo que es mucho suponer, “que no hubiera dinero para todo”, que sí lo hay, podíamos le digo machaconamente aunque fuera con la “amenaza” del voto, nunca buena consejera, demandar un “aumento sustancioso para las viudas”. Es cuestión de prioridades, Avelino, y no querrás que la guiñen y las pasen putas estas pobres mujeres por culpa de gente como tú, que no se moviliza ni a tiros. Moviendo la cabeza despacio, de izquierda a derecha, desaprobaba, no entendía que hubiera dinero para todo y para todos. No quería ser la causa de la ruina de su país. Siguió moviendo la cabeza cada vez más lentamente.

Es muy difícil convencer a mi amigo Avelino de “su derecho a una subida de la pensión” , es labor para “titanes de lo imposible”.

No quiero, y menos con mi querido amigo, hacer un post de humor. Está finalizando el “escrimáster” y me asalta la duda de sí este puñado de palabras no favorecerán la idea de los que piensan como Avelino. De lo que estoy firmemente convencido es que uno de mis mejores conocidos, trinará al leer este escrito en defensa de mi noble, sencillo, bonachón y tontorrón amigo, que al parecer, por su falta de animosidad, pone en peligro y entorpece la consecución del modo de vida de pensionistas con más necesidades.

Amigo Avelino, ! Háztelo mirar! ¡ No seas capullo! Le digo con todo mi cariño. Entiéndelo desde las muchas juergas de cacahuetes y vino que hemos pasado juntos, y espero que, esta apenas discusión para mí y supongo para tí, no de al traste con tantos años de amistad.

Un saludo tribu.

Iñaki de villa.

PD. Hay muchos más yayos preocupados por su pensión que mi amigo Avelino que sigue pensando que si el gobierno no sube las pensiones es porque no puede. Y como dice Zidane ” ya está”

Lobito.

Dos personas, entre más, departen en un lugar de debate: silencios, ideas, controversias, desenfados, risas e ironías; todo aparentemente normal, nada hace preveer el nubarrón de palabras sandias, necias, incongruentes, que la mente “estrecha” de un semisabio culé, visionario del balompie, lanza a un contertulio de color llamado Congo, cuando se dirige al visionario futbolístico llamándole “Lobito”. Una estela de solemnidad e ira recubre el rostro de “Lobito” y recomponiendo el tipo, o tipillo, que a más parecía no llegar, se prepara a defender su honra nunca perdida.

.-¿Congo,por qué me llamas “Lobito”?

.-Porque es cariñoso y supone acercamiento.

.- Creo que tú y yo no hemos hablado nunca, ni hemos comido juntos, ni tenemos esa familiaridad , necesaria , para tomarte esa licencia que ni siquiera se toman los más allegados.

Congo, a sabiendas que no hubo maldad, le pide disculpas.

Sigue el “visionario” diciendo .- Hombre Congo, si yo fuera canario, andaluz … entendería esas confianzas conmigo, pero no lo soy. En mi tierra no ocurre esto, hace falta más tiempo para tamañas intimidades, que a mí personalmente no me agradan.

Transcurre el debate con las armas en ristre , el entrecejo sombrío y la guardia alta.

Los demás participantes en el debate, a lo suyo y mirando de reojo.

Antes de acabar, Congo considera importante lanzar un mensaje de humanidad y concordia entre los dos, para evitar la posible influencia negativa entre los niños que pudieren ver el programa.

Felicidades a los dos contendientes por el final feliz. Los guachos os lo agradecerán. Gracias en su nombre.

En la tierra que yo habito, la frase de “Lobito” a Congo hubiera sido: ¿Cuándo hemos comido juntos en el mismo perol?

Un abrazo tribu y uno especial para Yarik.

Iñaki de villa.

Pd. “Lobito”, los del resto de hispania que no somos tan como tú, ni habitamos tierras tan como la tuya, también tenemos nuestro corazoncito. Un saludo “Lobito”, y a Congo un abrazo por su sentido del humor, al pedirle a “Lobito” un baile para mayor “acercamiento”.

¿Quién tiene la solución?

Revolotea la sinrazón en tiempos de falacias e incordura. Tanta mentira y falsedad envueltas en papel de héroes legendarios. Muchas miradas graves llenas de hipócrita compostura. Pose tras pose, frase tras frase, muchas frases inconclusas dirigidas hacia nadie sabe qué amigo, enemigo o conocido para impactar directamente: en el nervio emocional, en la acción irreverente y engañosa de unos seres conocidos que no habitan, mire usted,en ningún país ignoto.

Se llenan de sentimiento, lloran sin sentir las húmedas lágrimas deslizarse por las mejillas, las tienen petrificadas por “falacias” constructoras de rostros impenetrables. Se afanan en denunciar que las mariposas y los pájaros de hogaño no pueden volar, ni cantar con alegría los sones que libres surcan los espacios de esta tierra, ensombrecidos, a veces, por mordazas, silencios, miedos que los seudodefensores de alma débil, cuerpo ralo y sueños impenitentes no podrán nunca alumbrar.

Antaño, ¿cuántos piaron?, ¿cuántos revolotearon?.

Bueno tribu, espero que hayáis entendido algo.

Un abrazo fuerte para Yarik.

Iñaki de villa.

Mi lapilla.

Pino daeni.

Hola, buenas tardes, dijo agradablemente una joven a un señor entrado en años dispuesto a usar el surtidor de combustible automático. ¿Va todo bien?, pregunta solícita, cariñosamente con una mirada limpia, llana, preñada de amabilidad natural. Quiere empatizar, explicar como funciona el diabólico surtidor. Si desea llenar el depósito pulse tecla de llenado; introduzca la tarjeta y espere a saber si tiene saldo, comprobado, pregunta: si desea tikec pulse sí. En el entretanto de una información a otra surge de una manera inesperada un comentario precioso, “mi lapilla”, se refiere a su hija no la deja dormir, se le agarra como una lapa con sus bracitos intentando abarcar su cuerpo. Sus amigas, dice, con niños parecidos a mi nena se quejan de las malas noches y del no dormir. Ella sonrie, no hay queja en sus ojos, sólo comprensión, cariño lleno de sabiduría consciente. Sabiamente aclara una obviedad que no parece tan obvia: “Mi lapilla no sigue mis ritmos, yo adoro los suyos”. Lo único que pudo decir el señor entrado en años: “sean cuales sean”.

Sabiendo que el depósito del vehículo se traga por vía oral setenta litros, es de suponer que este escrito fuera el aperitivo de una hermosa y emotiva comunicación humana.

Un abrazo tribu

Iñaki de villa.